El electrocardiograma (ECG) es una herramienta fundamental en la práctica médica, permitiendo el registro gráfico de la actividad eléctrica del corazón desde la superficie de la piel. Este examen es esencial para el diagnóstico y monitoreo de diversas condiciones cardiacas. Las derivaciones del ECG, tanto precordiales como de extremidades, proporcionan una visión integral del funcionamiento eléctrico del corazón. Entre las derivaciones más utilizadas se encuentran las precordiales de Wilson y las monopolares y bipolares, que registran el potencial eléctrico de diferentes áreas del corazón, permitiendo una evaluación detallada y precisa de su actividad.

Las derivaciones monopolares incluyen avR, avL, avF y de V1 a V6, registrando el potencial absoluto del corazón. Por otro lado, las derivaciones bipolares (DI, DII, DIII) miden la diferencia de potencial eléctrico entre dos polos: DI entre el brazo izquierdo y derecho, DII entre la pierna izquierda y el brazo derecho, y DIII entre la pierna izquierda y el brazo izquierdo. Es crucial mantener una velocidad de corrida estándar de 25 mm/segundo y un voltaje estándar de 1 cm = 1 mV para asegurar la precisión del registro. Además, siempre se debe revisar el estándar utilizado en cada ECG.


Elementos para identificar neumonía en una radiografía de tórax

Vista lateral de la radiografía de tórax

La interpretación sistemática del ECG comienza con la evaluación del ritmo, que debe ser sinusal para considerarse normal. Esto significa que cada onda P debe preceder a un complejo QRS y el intervalo R-R debe ser regular. La frecuencia cardíaca normal oscila entre 60 y 100 latidos por minuto. Para calcularla, se puede dividir 1500 por el intervalo R-R en milímetros o dividir 300 por el número de cuadrados grandes entre dos ondas R consecutivas. Además, el eje eléctrico del corazón, que varía entre -30° y 90°, se puede determinar observando las derivaciones DI, DII y avF.

Una parte crucial de la interpretación del ECG es la comparación con registros previos. Esto ayuda a identificar cambios sutiles o progresivos en la actividad eléctrica del corazón que pueden indicar la evolución de una patología. Además, la topografía de las lesiones cardíacas se determina según las derivaciones donde se encuentran las alteraciones. Por ejemplo, una alteración en la derivación I indica una lesión lateral, mientras que en avR no se asocia con ninguna lesión específica.
La localización de la lesión se puede determinar con mayor precisión según la derivación afectada. Por ejemplo, las derivaciones V1 y V2 se asocian con lesiones septales, mientras que V3 y V4 con lesiones anteriores, y V5 y V6 con lesiones laterales. Las derivaciones inferiores incluyen II, III y aVF, y las derivaciones laterales incluyen aVL. Este esquema de localización es fundamental para el diagnóstico preciso y la planificación del tratamiento.
En conclusión, el electrocardiograma es una herramienta indispensable en cardiología, proporcionando información detallada sobre la actividad eléctrica del corazón. Su correcta interpretación requiere un conocimiento profundo de las derivaciones, ondas, segmentos e intervalos, así como la capacidad de comparar registros previos y determinar la localización de las lesiones. Este proceso sistemático asegura un diagnóstico y manejo adecuado de las patologías cardíacas, mejorando la atención y los resultados para los pacientes.
(1) Harris PR. The Normal Electrocardiogram: Resting 12-Lead and Electrocardiogram Monitoring in the Hospital. Crit Care Nurs Clin North Am. 2016 Sep;28(3):281-96. doi: 10.1016/j.cnc.2016.04.002. Epub 2016 Jun 22. PMID: 27484657.

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