La ansiedad y la activación son dos factores que han sido objeto de estudio en el ámbito del rendimiento deportivo. Tradicionalmente, estos factores se han visto como elementos que deben ser controlados para evitar que obstaculicen el rendimiento de los atletas. Sin embargo, esta suposición ha sido cuestionada por investigaciones que sugieren que no es la cantidad de activación lo que afecta el rendimiento, sino la manera en que los atletas la interpretan. Por ejemplo, Mahoney y Avener (1977) descubrieron que los gimnastas que lograron calificar para el equipo olímpico de EUA en 1976 percibían la activación previa a la competencia como excitación anticipatoria, lo cual facilitaba su actuación. Por el contrario, aquellos que no calificaron interpretaban la activación como un signo negativo de fracaso inminente.
Basados en estos hallazgos, Jones y sus colaboradores en la década de 1990 comenzaron a investigar la interpretación direccional de la ansiedad, es decir, cómo los atletas perciben la ansiedad como una ayuda o un impedimento para su rendimiento. Según Jones y Swain (1992, 1995) y Hanton y Jones (1999), los síntomas somáticos de ansiedad pueden tener un efecto facilitador o debilitante en el rendimiento deportivo, dependiendo de cómo el atleta los perciba. Un deportista que interpreta el sudor de las manos como incertidumbre probablemente experimentará ansiedad debilitante, mientras que otro que lo vea como preparación para una buena actuación experimentará ansiedad facilitadora.
A principios de la década de 1990, se realizaron numerosos estudios sobre los beneficios de percibir los síntomas de ansiedad como facilitadores del rendimiento. Thomas et al. (2009) destacaron que los atletas que veían la ansiedad de esta manera tendían a rendir mejor, mostraban mayor confianza en sí mismos, usaban estrategias de afrontamiento más efectivas y eran más resilientes que aquellos que percibían la ansiedad como un impedimento. A pesar de estos beneficios, la teoría direccional de la percepción de la ansiedad en el deporte enfrenta dificultades conceptuales y metodológicas. Por ejemplo, Jones y Hanton (2001) señalaron que el término “ansiedad facilitadora” puede parecer contradictorio, ya que la ansiedad tiene connotaciones inherentemente negativas.

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En resumen, la ansiedad en el deporte es un constructo multidimensional que incluye componentes cognitivos, somáticos y conductuales. Los atletas difieren en cómo interpretan sus niveles de activación, ya sea como facilitadores o debilitantes de su rendimiento. A pesar de los desafíos conceptuales y metodológicos, es evidente que la percepción de la activación tiene un papel significativo en la forma en que los atletas experimentan la competencia, lo que sugiere la necesidad de más investigación para comprender mejor estos fenómenos y desarrollar estrategias efectivas para manejarlos.
(1) Moore LJ, Vine SJ, Cooke A, Ring C, Wilson MR. Quiet eye training expedites motor learning and aids performance under heightened anxiety: the roles of response programming and external attention. Psychophysiology. 2012 Jul;49(7):1005-15. doi: 10.1111/j.1469-8986.2012.01379.x. Epub 2012 May 7. PMID: 22564009.
(2) Meijen C, Turner M, Jones MV, Sheffield D, McCarthy P. A Theory of Challenge and Threat States in Athletes: A Revised Conceptualization. Front Psychol. 2020 Feb 6;11:126. doi: 10.3389/fpsyg.2020.00126. PMID: 32116930; PMCID: PMC7016194.

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