La acromegalia, un trastorno hormonal caracterizado por la secreción excesiva de hormona del crecimiento, es causada principalmente por un adenoma hipofisario secretor de hormona del crecimiento. Esta condición conduce a una sobreproducción del factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1), lo que resulta en diversas comorbilidades que afectan los sistemas cardiovascular, respiratorio, endocrino, metabólico, musculoesquelético y neoplásico. Debido a los importantes riesgos para la salud y el aumento de la mortalidad asociados con la acromegalia, el diagnóstico temprano y el tratamiento eficaz son cruciales. Una revisión exhaustiva reciente, que analizó estudios de 1981 a 2021, proporciona información actualizada sobre el diagnóstico y el manejo de esta enfermedad compleja (1).

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La terapia médica juega un papel importante en el manejo de la acromegalia, particularmente para los pacientes que no logran la remisión después de la cirugía. Los ligandos del receptor de somatostatina, la cabergolina y el pegvisomant se encuentran entre los tratamientos médicos disponibles. Estas terapias ayudan a controlar los niveles hormonales y reducir el tamaño del tumor. Algunos pacientes también pueden recibir terapia médica preoperatoria para mejorar los resultados quirúrgicos. Para aquellos que es poco probable que se curen con cirugía, como los pacientes sin efecto de masa sobre el quiasma óptico, la terapia médica primaria puede ser la mejor opción.
Además de los tratamientos médicos y quirúrgicos, la radioterapia se considera una opción de tercera línea para los pacientes con acromegalia. Este enfoque es particularmente beneficioso para los pacientes que no responden adecuadamente a la cirugía y la terapia médica. Los avances en las técnicas estereotáxicas han mejorado la precisión y la eficacia de la radioterapia, ofreciendo una alternativa viable para el control de la enfermedad a largo plazo.
Predecir la respuesta a la terapia médica puede ser un desafío, y la investigación en curso tiene como objetivo identificar marcadores clínicos, endocrinos, de imagen, histológicos y moleculares que podrían ayudar en este sentido. Si bien algunos marcadores se han mostrado prometedores, su utilidad debe confirmarse mediante estudios prospectivos. Una comprensión más profunda de la patogenia de la enfermedad podría allanar el camino para el desarrollo de tratamientos nuevos y más efectivos en el futuro.

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